En un horizonte lejano
Mas allá de lo cotidiano
El gran bostezo del mar
Me abraza sin saberlo
Una lágrima se derrama en la ventana
De un ferrocarril en llamas
Y el ojo se pierde en la geografía
Que dibuja la culebra de sus rieles
Con los fantasmas de la memoria
Un viejo lanza su red para atrapar sus peces
Y de su boca mueren los pescados
Que le arrebataran los ojos seniles a la mañana
De aquellas cornisas cuelgan los niños en pegamento
Y la lluvia nos traía la poesía con el viaje
Profetizabas el alzamiento a viejos incrédulos
Que besaban la corbata de su corto futuro
Aquellas aulas saben y ríen burlescas
Porque de los codos nunca han nacido esperanzas
La humanidad se ahoga con sus propios venenos
Sin sentirse culpable de ser el envenenado
No sentiré nunca más el cielo de aquellos días
En que tu Jumper me hacia elevarme al cielo
Ni cuando el rizado de tu pelo me empujaba
Embriagado a la desconocida Rebeldía
Ya no recuerdo tu nombre en mi rompecabezas
Pero me queda indeleble el aroma de nuestros días
La necesidad de papelillos para encumbrar los sueños
Sin saber que la edad nos esperaba para cambiarnos de dueños
Porque abro la puerta insistente del ayer?
La del mañana me golpea con gotitas tiernas de sangre
Y estábamos tan vivos que uno se aferra a aquel arte
Aunque andemos hoy por la vida arrastrando los pies
Fuimos ese tiro que se lanzo al aire
Esa ráfaga caliente perdida como trapecista en una estrella
Yo soy y solo tú lo sabes la promesa de la puerta que se abre
Porque tu eres la bisagra parte de aquella casa
Donde todos entraran a alojarse…

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